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Exposiciones

Toni Giró: entre palabra e imagen, la política del arte como narración vital

De los autorretratos de los 90 a 'Las parts no són el tot': una exposición que fusiona vida, obra y contexto social.

Toni Giró: entre palabra e imagen, la política del arte como narración vital

Esta exposición de Toni Giró (Barcelona, 1966), comisariada por el propio artista y muy bien estructurada y expuesta -es decir, "pensada” a partir de la interrelación afectiva e intelectual entre objeto creado y biografía de su hacedor- abarca el nada desdeñable arco temporal que iría desde inicios de la década de los 90 (el Autoretrat amb màscara de 1994), hasta trabajos realizados el pasado año. Así sería, y situando el foco en una buena referencia de esta parte última de su producción, la escultura Les parts no són el tot (Engranatge). Entre ambos extremos temporales el artista ha creado (no olvidemos que él mismo ha sido el organizador de su propio hacer discursivo) no tanto un escenario de realidades creativas puntuales (que también, naturalmente), como el deseo de formalizar una narración” a partir de interrelacionar tres elementos estructuradores de sentido: vida y obra, por un lado, más las dinámicas sociales, culturales y económicas donde las dos primeras "viven” (en su sentido más puramente ontológico), se desarrollan y finalmente "mueren” al ser superadas por otras dinámicas más actualizadas y competitivas. No ha de extrañarnos, entonces, que Toni Giró haya optado por titular la exposición con una frase/idea extraída del "Manifiesto Comunista” de Marx y Engels, manifiesto que puede ser calificado desde muchos y muy diversos intereses ideológicos y sociales, pero por encima de cualquier otra consideración se trata, y en su sentido más puramente literario, de una "narración de costumbres” en sintonía con la mejor novela social del siglo XIX.

"No siempre hay política, aunque siempre hay formas de poder”, es una frase del pensador francés Jacques Rancière que aparece en un pequeño ensayo, publicado hace unos años, titulado "La política de la estética”. La frase, ciertamente, también podría haber sido pensada y escrita por Marx y Engels, al menos si entendemos "lo político” como una reconfiguración social de lo sensible, o de lo humanamente sensible. Y en este punto es donde volvemos a nuestro artista y al muy sofisticado "aparato discursivo” donde sitúa el régimen estético de su producción creativa, en la cual la dimensión política esté siempre presente, unas veces "in absentia”, otras "fuera de campo”, indirectamente en no pocas ocasiones, pero casi siempre esa dimensión política es presentada con la sutil elegancia formal de una narración de lo posible (es decir, de lo real), con una cierta ordenación crítica del conocimiento histórico, con una declarada ilusión por llevar a las formas creadas a una re-consideración de su armazón conceptual (más próximo, más humanamente cálido), allí donde podemos comprobar "lo sólido que se funde en el aire”.

De ahí que, en la formalmente muy variada obra de Toni Giró (casi siempre de costosa, por no decir imposible, "descripción impresionista”), tanto en los materiales empleados como en las disciplinas artísticas utilizadas, se produzca una tensión entre lo sólido de la Imagen y el aire de la Palabra que intenta describir esa Imagen. En este punto es donde gran parte de sus trabajos devienen "marxistas” sin ser políticos, pues han sido creados con la fuerza salvaje de una lengua adánica. Esta tensión entre Palabra e Imagen se hace más palpable, sobre todo, cuando comprobamos que esa lengua adánica a la que hemos hecho referencia es la propia de los asuntos políticos en su peor acepción, idioma roto y cruel por excelencia, sin sintaxis ordenadora de sentido y razón. Excepto en la praxis artística, donde odo se entiende sin recurrir a la obviedad de lo fácilmente reconocible. Muy probablemente porque en la obra de Toni Giró, y como bien podemos comprobar en esta exposición, se da una cierta exigencia en mirar no únicamente con los ojos (un gran error, según Didi-Huberman, autor de la idea que ahora expongo), sino que es necesario mirar con todo el cuerpo y posteriormente con el lenguaje. Y si cito esta fuente es porque la magnífica instalación de las muchas obras que conforman la muestra incide en este "mirar con todo el cuerpo”, condición primera y esencial para seguidamente pensar lo contemplado desde el lenguaje.

Estamos plenamente de acuerdo con Jordi Font Agulló cuando en su brillante texto del catálogo afirma que Toni Giró, y en unos años concretos de su vida artística, "se adentraba en espacios de acción y pensamiento que irá cultivando a lo largo de su carrera y que estarán marcados por el escepticismo proactivo, la ironía y la rebeldía”. La frase resulta muy sugerente porque, leída desde la exterioridad que detenta el receptor de esta, bien puede interpretarse como unos rasgos extensibles al devenir de la forma en la escultura catalana y española (y no únicamente en la escultura) desde las múltiples derivas creativas que se fueron sucediendo desde la última década del siglo XX y la primera del XXI. Por eso Jordi Font habla de "escepticismo proactivo, ironía y rebeldía”, y aquí ahora añadimos: y también desencantos funcionales, productivas fugas en el tiempo, enervación del discurso y la acción, agotamientos del espacio de representación en tanto que "máquina deseante”, y continuas apelaciones al "acontecimiento” como salvavidas de una producción artística que bien sabe que es, aunque no lo acepte, póstuma de sí misma. Por todas estas razones me ha gustado e interesando mucho este soberbio panorama de la obra de Toni Giró, porque incrementa la acción, el pensamiento y los deseos mediante proliferación, yuxtaposición y disyunción. Y porque en ella, en la obra, la ficción o narración no es tanto una treta fantasiosa como la importancia discursiva de crear contexto crítico y productivo. O lo que es lo mismo: una forma de civilización.

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