La exposición Clair-obscur transforma los espacios de Bourse de Commerce de París en una experiencia casi inefable: un paisaje que parece reflejar el encuentro entre el amanecer y el anochecer, un beso simultáneamente cálido y frío donde cientos de obras de la colección Pinault dialogan a través de un juego constante de luces y sombras. La muestra toma su título del célebre concepto del claroscuro, una técnica pictórica desarrollada con fuerza en la pintura manierista y barroca del siglo XVI. A través de ella, artistas como Caravaggio intensificaron el contraste entre iluminación y oscuridad para esculpir las figuras con la luz, inaugurando una nueva manera de percibir el mundo: una mirada dramática, cargada de tensión espiritual y emocional.

Yves Tanguy, Surrealist landscape, 1928, Pinault Collection.
En estas composiciones, la luz no solo revela, también interroga. La sombra, lejos de ser ausencia, se convierte en un espacio de misterio y profundidad. Siglos después, Hoya llevaría esta tensión hacia territorios más oscuros, explorando la inquietud y las sombras que habitan en la condición humana. El claroscuro se consolidó así como una herramienta estética capaz de expresar lo visible y lo invisible, lo racional y lo inquietante.
La exposición propone una lectura contemporánea de este principio visual. En las salas, las obras establecen relaciones inesperadas entre épocas, materiales y sensibilidades, generando un recorrido donde la luz guía la mirada mientras la oscuridad invita a detenerse y contemplar. El claroscuro emerge como algo más que un recurso técnico: se convierte en un lenguaje simbólico y renovado, un recurso narrativo y filosófico que permite observar con mator conciencia aquello que la luz revela y aquello que permanece velado por la sombra.

Carol Rama, Untitled, from the Bricolage series, 1967, Pinault Collection.