En los Espacios Volarte de la Fundación Vila Casas, Sólido que se funde en el aire de Toni Giró dialoga y cohabita con Miseries humanas de Ramon Calsina en una convivencia expositiva que, lejos de diluirse, se refuerza mutuamente hasta el 15 de marzo de 2026. El proyecto de Giró no deja de sorprender que funciona como una auténtica alfa y omega: desde Autorretrato con máscara hasta Bibliogeometría II . La lleva a las narices , pieza de 2002 que clausura el relato con una contundencia tanto física como conceptual.

Sólido que se funde en el aire reúne obras de los últimos treinta años de trayectoria de Toni Giró. Sin embargo, no se presenta como una antología retrospectiva ni como un inventario cronológico, sino como un sistema abierto de relaciones que se actualizan constantemente. Las piezas, a pesar de la distancia temporal, establecen nuevas conexiones y despliegan múltiples capas de significado.
Enraizada en el campo de la escultura expandida, la práctica de Giró pone en evidencia un interés persistente por la imagen situada en el espacio, activada a través de dispositivos tridimensionales que interpelan directamente al cuerpo y la mirada del espectador. Esta investigación formal va siempre acompañada de una lectura crítica del presente, desde donde el artista aborda varios callejones históricos, sociales y culturales.
A lo largo del recorrido, el espectador está invitado a reflexionar sobre la construcción de sentido y la materialidad de la obra a partir de un conjunto heterogéneo de instalaciones, fotografías y dibujos. Trampa amarilla puede funcionar como punto de partida de un viaje que atraviesa tres décadas de creación, un viaje de diálogo con la mirada pero también con el pensamiento crítico. Giró plantea interrogantes constantes sobre nuestra posición en un mundo acelerado, donde lo cotidiano nos atrapa, nos disuelve y nos empuja a transitar por caminos a menudo inextricables, tal y como señala Jordi Font Agulló en su texto en el catálogo de la exposición de la Fundación Vila Casas.

Multitudo marca la entrada a un segundo nivel expositivo, más inmersivo y denso, donde el visitante se adentra en una serie de instalaciones y conjuntos escultóricos de fuerte impacto visual y conceptual. Piezas como El cuello al pie , La escultura es un agujero o Viga II intensifican esta experiencia, hasta llegar a un tramo final que no deja indiferente. Blister Suite , con esa mesa llena de piezas que impresiona tanto por acumulación como por fragilidad, condensa muchas de las tensiones presentes en la obra de Giró: entre solidez y precariedad, entre estructura y descomposición.
El recorrido se cierra con Bibliogeometría II y La puerta a las narices , que marcan el omega del proyecto expositivo. Lejos de ser un final conclusivo, las piezas dejan abierta una pregunta esencial: ¿dónde queda la poética en el arte contemporáneo? En este sentido, Toni Giró encuentra en la escultura no tanto una respuesta como un dispositivo de pensamiento filosófico, un espacio desde el que formular dudas, activar contradicciones y resistir aún a la disolución acelerada del sentido.
