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Importación de obras de arte

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Importación de obras de arte

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Es bien conocido que la importación de obras de arte es la introducción en territorio español de estos bienes culturales, incluidos los que tengan como origen a un país de la Unión Europea.

En cambio, quizás lo que no es tan conocido son las dos posibilidades que permite el procedimiento para la importación de bienes culturales, siempre que la importación se haya realizado legalmente y esté debidamente documentada.

La primera posibilidad es solicitar, a la comunidad autónoma competente, que la obra en cuestión sea incluida en el inventario general de bienes muebles (IGBM) o sea declarada bien de interés cultural (BIC).

Y ello con el fin de que, una vez incluida la obra de arte en el IGBM o declarada BIC, se obtenga en los impuestos sobre la renta de las personas físicas o sobre el impuesto de sociedades una deducción en la cuota del 15% del importe de las inversiones o gastos que el propietario de la prenda haya realizado para adquirirla en el extranjero, pero con la condición de que esta obra permanezca en territorio español y dentro del patrimonio de su titular durante al menos cuatro años .

En consecuencia, a la hora de escoger esta primera opción, si bien se obtiene una deducción fiscal, no es menos cierto que debemos valorar correctamente los condicionantes que se imponen y la forma en que nos pueden afectar.

La segunda posibilidad es la de presentar, ante la Dirección General de Patrimonio Cultural y Bellas Artes del ministerio, una solicitud de declaración de importación, que se puede presentar dentro de un plazo máximo de tres meses a contar desde la fecha de la importación.

Para las obras de arte procedentes de países no miembros de la Unión Europea, la documentación a aportar es la que acredite la propiedad del bien (por ejemplo, la factura de la compra) y el documento único aduanero de importación. En cambio, para las obras de arte que procedan de países miembros de la UE, además del documento que acredite la propiedad, sólo es necesario un documento que acredite la fecha de entrada del bien en España (por ejemplo, la factura del transportista).

De la presentación de esta declaración ante el ministerio, se derivará un régimen especial por un plazo de diez años (prorrogables a diez más, si se solicita) con una serie de ventajas para el caso de que el propietario de la prenda quiera nuevamente exportarla fuera de España.

Estas ventajas son: que la exportación no podrá ser denegada, no pagará tasas, no estará sujeta a ningún derecho de adquisición preferente que son propios de la administración (oferta de venta irrevocable o derecho de tanteo y retracto) y no podrá ser declarada bien de interés cultural, salvo que el propietario así lo solicite.

Por último, y no menos importante, apuntar que este régimen especial es objetivo, no subjetivo; en consecuencia, se concederá al bien declarado ante el ministerio, sea quien sea el propietario. 

Las dieciséis galerías catalanas hacen un balance positivo, aunque con reservas a la hora de cerrar algunas ventas comerciales. Sin embargo, los comentarios respecto a las ventas han sido positivos. No sabemos hasta qué punto el conflicto bélico desatado determinará el cierre de algunas operaciones que ya estaban acordadas con anticipación. Una feria, la de ARCO, más asequible respecto a las dimensiones y, aunque con menos galerías, las propuestas han tenido un alto nivel de planteamientos, como mayor internacionalización y un acercamiento más estrecho con los países latinoamericanos. Sólo las cifras oficiales de las instituciones y los museos salen a la luz, proporcionando algunas alegrías colectivas. Por ejemplo, el Museu Reina Sofía adquirió una quincena de obras de artistas nacionales e internacionales con un presupuesto aproximado de 360.000 euros. La crisis económica y la situación actual provocan mayor moderación que en años anteriores. Un momento que nos vuelve a reflexionar sobre la situación favorable para emprender una nueva colección a precios adecuados. Con esta incertidumbre, los coleccionistas vuelven a aparecer con más fuerza, en cambio los especuladores y los inversores dan marcha atrás a la espera de una situación más favorable. Todo el mundo desea que el 2023 sea el año de la normalidad. Ahora toca hacer balance, recuperar fuerzas físicas y económicas y replantear nuevas apuestas.

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