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Díaz Costa. Ceramista

Díaz Costa. Ceramista

La evolución de la cerámica en la Bisbal se ha producido, como en todas partes, gracias a la aportación del esfuerzo, la inquietud y la ambición de aquellos personajes que han buscado, en todo momento, incrementar su capacidad creadora y conseguir mayor singularidad. Sin sus afanes y dedicación, sin una total consagración a la profesión, la cerámica de nuestro país no habría alcanzado, probablemente, el alto nivel y el reconocimiento del que goza hoy.

Entre estos esforzados perfeccionistas, no cabe duda de que Eusebi Díaz Costa ha jugado un papel primordial. Un artista que, avanzado a su tiempo, fue capaz de desarrollar una idea creativa que, en su momento, fue del todo original y rompedora: él fue el primero en entender que la cerámica de raíz popular y tradicional podía convertirse en más útil y funcional, un objeto con un claro propósito decorativo. A este objetivo se dedicó con pasión y tenacidad, logrando con el tiempo una alta capacidad técnica y unos sólidos conocimientos de los recursos de una tan compleja disciplina, y fue capaz (a partir de la investigación y la investigación constante) de ofrecerles una obra cerámica única.

madurez vital y creativa, las piezas de Díaz Costa no dejan de sorprender con una obra singular que progresa a través de la experimentación y la creatividad continua: desde las piezas más tempranas que buscan deliberadamente acomodarse a la demanda de artesanía popular de los años cuarenta y cincuenta del siglo XX, entonces muy mediatizada por los impactos generados por el turismo, hasta propuestas más creativas y diferenciadas. Su trabajo, además, será capaz de motivar toda una retahíla de creadores a seguir su camino: porque él fue, sin duda, el primero en empujar y señalar un nuevo rumbo para la cerámica de la Bisbal, hasta llegar a constituir la colmena extraordinaria que hizo de nuestra ciudad una de las grandes productoras de cerámica artística de carácter tradicional y artesana del país.

Y, a pesar de esta relevancia e interés del personaje, sorprende que hasta el momento presente no haya tenido el reconocimiento que le correspondería, puesto que su trayectoria creativa y humana queda prácticamente obviada. Y no sólo su vertiente de ceramista excelente, tampoco se han desvelado los aspectos más interesantes de su aportación en la historia del arte catalán. Parece claro, pues, que era necesario iniciar la edición de un libro monográfico dedicado a este gran artista ceramista. Una publicación donde se diera a conocer cuál fue su itinerario humano y artístico, se facilitara una primera catalogación de su producción y se confirmara su importante y decisiva contribución no sólo a la cerámica de la Bisbal, sino también a la historia de la cerámica catalana. El homenaje que ahora se le hace a través de este libro (editado con motivo de la exposición del mismo nombre, de la que, desde abril, se puede disfrutar en la sala de exposiciones temporales del Terracotta Museu) , debe ser, a la vez que un reconocimiento a su obra ya la persona, una oportunidad para pensar en clave de futuro sobre la cerámica de nuestro país. Porque hay que mirar siempre adelante, definir nuevos proyectos y construir nuevas propuestas; y porque hay que perseverar en la voluntad de mejora de la cerámica de la Bisbal tal y como en su momento hizo el propio artista. Éste es su legado y nuestro reto; porque seguro que él no nos perdonaría que hiciéramos un paro en el camino, que miráramos atrás y pensáramos que ha terminado el trabajo.

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