La galería Jessica Silverman de San Francisco presenta la primera exposición individual de Rebecca Manson, abierta desde el 8 de enero hasta el 28 de febrero de 2026. La artista neoyorquina despliega un virtuosismo escultórico que se adentra en los microcosmos de la naturaleza, ampliando detalles ínfimos hasta convertirlos en formas monumentales e intensamente táctiles. Su práctica reformula la tradición cerámica como un territorio de fantasías viscerales, donde la mirada cede protagonismo al tacto y la forma se impone con rotundidad sobre cualquier noción de función.
El título de la exposición, Time, You Must Be Laughing, toma prestada una frase de la canción Sweet Bird (1975) de Joni Mitchell y alude, con un matiz de ironía sombría, a la inevitable fugacidad de todo lo vivo. Esa risa del tiempo —cómplice y cruel— atraviesa el conjunto de la muestra.

La exposición reúne 13 esculturas realizadas principalmente en porcelana, donde alas de mariposa y polilla a escala monumental, flores y un columpio conforman un paisaje suspendido entre lo orgánico y lo evocativo. En conjunto, las piezas indagan en la relación íntima entre los cuerpos y el mundo natural, así como en el tiempo entendido no solo como medida, sino como fuerza activa que erosiona, transforma y redefine toda forma de existencia.
Rebecca Manson es una escultora neoyorquina que ha renovado el lenguaje de la cerámica contemporánea mediante un virtuosismo técnico que combina porcelana, vidrio y ensamblajes minuciosos. Su estilo se caracteriza por la ampliación monumental de detalles microscópicos —alas de mariposa, líquenes, flores— transformados en superficies táctiles de intensa presencia física.
Su método parte de la repetición paciente: modela a mano miles de pequeños fragmentos de porcelana que luego ensambla para construir estructuras complejas, logrando efectos de trompe-l'œil que oscilan entre lo hiperrealista y lo fantástico. Esta acumulación laboriosa dota a sus piezas de una tensión orgánica, donde fragilidad y resistencia coexisten.
En cuanto a sus temáticas, Manson explora la relación entre el cuerpo y el mundo natural, así como el paso del tiempo entendido como fuerza transformadora. Sus obras evocan la belleza de la decadencia y la memoria de la infancia, situando al espectador ante escenas donde lo sublime y lo efímero se entrelazan con una intensidad poética.

Entre las piezas más impactantes destaca Exploding butterfly (2025), una instalación mural compuesta por cuatro elementos que captura un instante suspendido en el tiempo. Sus alas de mariposa, de escala monumental, parecen abrirse o desgarrarse ante el espectador, amplificando una mínima fractura hasta convertirla en un drama matérico. La escena, casi cinematográfica, transforma la delicadeza en tensión: la belleza se fragmenta lentamente, generando una sensación simultánea de asombro y desasosiego. La obra encarna el interés de Manson por la estética de la decadencia, por ese punto exacto en que lo sublime comienza a desmoronarse.
En el núcleo de la exposición se sitúa The swing (2022–2025), una construcción de ocho por ocho pies elaborada en cerámica y vidrio que juega con el trompe-l'œil. Inspirada en el columpio de la infancia de la artista, la pieza reproduce postes de porcelana que imitan madera envejecida, cubierta de líquenes con minuciosa precisión. La escena oscila entre lo lúdico y lo elegíaco: las promesas de la juventud y la libertad aparecen casi palpables, pero a la vez escurridizas, como si estuvieran a punto de desvanecerse.
