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Opinión

Raíces del cine catalán: Pere Portabella i Ràfols

Raíces del cine catalán: Pere Portabella i Ràfols

La Universidad de Girona concedió, el 10 de febrero de este año, la distinción de doctor honoris causa al cineasta, político e intelectual Pere Portabella i Ràfols (Figueres, 1927), por su compromiso con el país, su cultura y su cine, y por mantener “una creencia firme en las lecciones de las vanguardias”. Portabella, que de joven cultivó relaciones con los pintores Antonio Saura y Antoni Tàpies y con el escultor Eduardo Chillida, y que se integró en el grupo Dau al Set, formado por Tàpies, Modesto Cuixart y Joan Brossa, de inicio quería ser escultor, pero finalmente se decantó por el cine, primero creando la productora Films 59, apoyando unas producciones esenciales del llamado "realismo crítico" ( Los golfos , de Carlos Saura, 1959, y El cochecito , de Marco Ferreri, 1960), pero, sobre todo, por lo que fue el regreso de Luis Buñuel a la cinematografía española, Viridiana , 1961, que pese a conseguir la Palma de Oro del festival de Cannes, fue prohibida en España hasta 1977.

A finales de los sesenta, Portabella se vinculó a la formación de la Escuela de Barcelona y, uniendo la herencia de la cultura de vanguardia vehiculada por Dau al Set y los movimientos de los “nuevos cines”, en colaboración con el poeta Joan Brossa, en 1967 realizó su primer filme, No contau amb els dets , del que, cuando se estrenó en Girona (en marzo de 1968) su amigo Pere Ignasi Fages i Mir, hijo pequeño del poeta Carles Fages de Clemente y que llegaría a ser el jefe de gabinete del dirigente comunista Santiago Carrillo en el exilio, a la pregunta que le hacía, para el diario local, “¿a dónde llega este filme?”, aseguró: “En la indicación y el sugerir llega muy lejos”, como un año y medio más tarde, con ocasión del estreno de su siguiente filme, Nocturn 29 , 1968, (título que aludía a los años que habían transcurrido de dictadura), en una amplia entrevista que mantuve con Portabella, para el diario local, que posteriormente fue reproducida íntegramente en la revista barcelonesa Imagen y So , definía su segundo largometraje como "un fresco general y auténtico de la sociedad española" donde "se intenta llegar al espectador por medio de su propia y activa participación", ya que "la reflexión es, en concreto , el punto definidor de mi obra fílmica”. No en vano se dijo de Nocturno 29 que era “el primer filme político del cine español”.

El objetivo era claro, como me decía para cerrar mi entrevista: “En fin, ¡llegamos a la conciencia del espectador con nuestras obras!”, ya que sus obras son su “revolución” callada, aquella que llega por pura sugerencia por desarrollarse en el prisma consciente de cada espectador.

Tras este segundo largometraje, Portabella desarrolló un cine independiente, alternativo y clandestino, indisociable con su posicionamiento político de izquierda, etapa que, después de estar en la política activa, reanudó con El puente de Varsovia , 1989, y El silencio antes de Bach , 2007, y que cierra con el corto La mudanza , 2008, con García Lorca de fondo y su Informe general II , 2015. Este vanguardista de las artes, reconocido en todo el mundo por su radicalidad y nuevas dimensiones del lenguaje cinematográfico y por su compromiso político, sigue despegando la bandera de la cultura como herramienta transformadora de un mundo cambiante, cuando afirma que “la cultura debe recuperar su dimensión política”.

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